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07 Abr | 2026

Cómo influye el entorno en el envejecimiento biológico cerebral

La edad biológica del cerebro puede acelerarse o ralentizarse en función de las condiciones ambientales acumuladas en las que viven las personas, y el efecto combinado de estas condiciones es mucho más potente que cualquier factor analizado de forma aislada. Esta es la principal conclusión de un estudio internacional liderado por el Dr. Agustín Ibáñez, colaborador del BarcelonaBeta Brain Research Centre (BBRC). Publicado en Nature Medicine, el estudio analizó datos de neuroimagen e información ambiental de 18.701 personas de 34 países, lo que lo convierte en una de las investigaciones globales más completas sobre envejecimiento cerebral hasta la fecha.

El estudio se basa en el concepto de exposoma, es decir, el conjunto de exposiciones ambientales que una persona acumula a lo largo de la vida, desde la contaminación atmosférica y la variabilidad climática hasta la desigualdad socioeconómica y la solidez de las instituciones democráticas. Los investigadores cuantificaron 73 indicadores a escala de país, tanto del exposoma físico (contaminación, temperaturas extremas, falta de espacios verdes) como del exposoma social (pobreza, desigualdad, participación limitada en la vida cívica), y examinaron cómo todos estos factores, de manera conjunta, modulan el ritmo al que envejece el cerebro.

Según Agustín Ibáñez, investigador principal y autor de correspondencia, “queríamos comprobar si los efectos combinados y sindémicos de las exposiciones ambientales explican mejor la variabilidad en el envejecimiento cerebral entre poblaciones que las exposiciones individuales o los diagnósticos clínicos considerados por separado”.

Para medir el envejecimiento cerebral, los investigadores utilizaron relojes cerebrales, modelos computacionales que estiman la edad biológica del cerebro a partir de datos de neuroimagen y la comparan con la edad cronológica de la persona. La diferencia entre ambas, conocida como Brain Age Gap” (diferencia de edad cerebral), refleja hasta qué punto el cerebro de un individuo envejece más rápido o más lentamente de lo esperado.

Cuando se modelizaron conjuntamente, las exposiciones ambientales explicaron hasta 15 veces más variabilidad en el envejecimiento cerebral que cualquier factor individual por sí solo, y su efecto acumulativo superó al de diagnósticos clínicos como la enfermedad de Alzheimer o la demencia frontotemporal. Las exposiciones físicas se asociaron principalmente con cambios estructurales en regiones cerebrales relacionadas con la memoria y la regulación emocional, mientras que las exposiciones sociales mostraron una relación más fuerte con alteraciones funcionales en redes implicadas en la cognición y el control ejecutivo.

La contribución del BBRC: datos del estudio ALFA+

El BBRC contribuyó a este estudio global con datos del estudio ALFA+, una cohorte longitudinal de adultos cognitivamente sanos con un riesgo genético elevado de desarrollar la enfermedad de Alzheimer, impulsada por la fundación ”la Caixa”.

Los datos aportados incluían resonancia magnética estructural y anatómica de alta resolución, así como resonancia magnética funcional en reposo, una técnica que capta la actividad espontánea del cerebro en estado de reposo y permite caracterizar grandes redes funcionales cerebrales. Además, el conjunto de datos de ALFA+ aportó variables contextuales como el nivel socioeconómico, el nivel educativo y el genotipo APOE, factores clave para comprender la intersección entre el riesgo biológico y la exposición ambiental.

Estos hallazgos cuestionan un modelo de prevención centrado sobre todo en los comportamientos individuales o en la intervención clínica. En cambio, ponen el foco en la importancia de las condiciones estructurales. Factores como la regulación ambiental, las políticas sociales, el diseño urbano y la calidad institucional pueden ser palancas relevantes para proteger la salud cerebral a nivel poblacional.

Referencia bibliográfica: Legaz, A., Moguilner, S., Barttfeld, P. et al. The exposome of brain aging across 34 countries. Nat Med (2026). https://doi.org/10.1038/s41591-026-04302-z