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22 Oct | 2026

Un estudio demuestra que adelantar los resultados de los biomarcadores sanguíneos de Alzheimer agiliza el diagnóstico sin aumentar la angustia de los pacientes

Los biomarcadores en sangre están transformando la manera de detectar la enfermedad de Alzheimer, pero hasta ahora la mayoría de los estudios se habían centrado en su precisión diagnóstica. Un nuevo estudio, publicado en JAMA Neurology, ha analizado una cuestión diferente y directamente relacionada con la práctica clínica: ¿Qué impacto tiene comunicar estos resultados a los pacientes tan pronto como están disponibles?

El estudio demuestra que el uso de los biomarcadores sanguíneos en la práctica clínica habitual mejora la certeza diagnóstica y permite optimizar el manejo clínico, sin aumentar la ansiedad, la depresión ni el estrés de los pacientes. La investigación respalda, por tanto, la incorporación de los biomarcadores sanguíneos al circuito asistencial de los servicios de neurología y la comunicación de sus resultados lo antes posible.

Este trabajo se enmarca en el estudio PLASMAR, un ensayo clínico prospectivo diseñado para evaluar el impacto de los biomarcadores en sangre. Fruto de la colaboración entre el Hospital del Mar y el Barcelonaβeta Brain Research Center (BBRC), centro de investigación de la Fundación Pasqual Maragall, la muestra ha incluido a 220 personas con síntomas cognitivos derivadas desde atención primaria al Servicio de Neurología del hospital. Los participantes, con una edad media de 73 años y un 55,9 % de mujeres, se clasificaron en tres grupos según su sintomatología: deterioro cognitivo subjetivo, deterioro cognitivo leve o demencia leve.

El equipo investigador analizó dos biomarcadores en sangre: p-tau217 y el neurofilamento de cadena ligera (NfL). Los 220 participantes del estudio se dividieron en dos grupos: uno de comunicación temprana, con 112 pacientes, que recibió los resultados a los tres meses, y otro de comunicación tardía, con 108 pacientes, que los recibió a los nueve meses.

Decisiones clínicas más rápidas y un seguimiento más eficiente

Tras la extracción de sangre y la evaluación clínica inicial, los participantes fueron asignados aleatoriamente en dos grupos. En el grupo de comunicación temprana, el médico y el paciente conocieron los resultados de los biomarcadores a los tres meses, mientras que el segundo grupo los recibió a los nueve meses. Este diseño permitió comparar cómo el momento de comunicar los resultados influía en la certeza diagnóstica y en las decisiones clínicas.

A los tres meses, el 50 % de los pacientes que habían recibido los resultados de los biomarcadores había alcanzado un diagnóstico etiológico (es decir, sobre la causa de los síntomas) con una confianza igual o superior al 90 %, frente al 4,6 % de los pacientes que todavía no habían recibido esta información. Esta diferencia desaparecía a los nueve meses, cuando ambos grupos ya disponían de los resultados.

Esto indica que la disponibilidad de los biomarcadores permite alcanzar antes una mayor certeza sobre el origen de los síntomas y tomar decisiones clínicas con más información.

«Hasta ahora, muchos estudios han demostrado que los biomarcadores sanguíneos son herramientas precisas para detectar la patología de Alzheimer. Lo que hemos querido estudiar es qué sucede cuando esta información se incorpora realmente al circuito clínico y se comunica a los pacientes. Los resultados muestran que disponer de ella antes permite alcanzar una mayor certeza diagnóstica y tomar decisiones clínicas más rápidamente», explica la Dra. Isabel Estragués, primera autora del estudio, neuróloga de la Unidad de Cognición y Conducta del Hospital del Mar e investigadora del BBRC.

La disponibilidad de los resultados a los tres meses también se asoció a cambios en el manejo de los pacientes. El 14,3 % de los participantes que habían recibido antes los resultados inició un tratamiento sintomático, frente al 4,6 % del grupo que esperó hasta los nueve meses.

Asimismo, las reevaluaciones neuropsicológicas planificadas fueron menos frecuentes entre los pacientes que habían recibido antes los resultados de los biomarcadores: un 30,4 %, frente al 52,8 % en el grupo de comunicación tardía.

Esta diferencia fue especialmente relevante en las personas sin deterioro cognitivo objetivo en las pruebas neuropsicológicas y con baja probabilidad de padecer la enfermedad de Alzheimer según los niveles de p-tau217. En estos casos, disponer de la información de manera temprana facilitó el alta de los pacientes y evitó visitas de seguimiento.

De este modo, los resultados sugieren que los biomarcadores sanguíneos pueden contribuir no solo a identificar antes la causa probable de los síntomas, sino también a hacer que el circuito asistencial sea más ágil y eficiente.

Disponer antes de la información no aumentó el impacto emocional

Uno de los aspectos diferenciales del estudio es que también ha analizado cómo afecta a los pacientes recibir antes esta información.

La comunicación de los resultados a los tres meses no se asoció a un aumento de la ansiedad, la depresión ni el estrés percibido. De hecho, el estrés disminuyó en el grupo que recibió los resultados a los tres meses, mientras que aumentó transitoriamente en el grupo que tuvo que esperar hasta los nueve meses. Tampoco se observaron diferencias significativas entre ambos grupos en la calidad de vida.

«La incorporación de los biomarcadores sanguíneos a las clínicas de memoria también plantea la cuestión de cómo puede afectar a los pacientes conocer esta información. En nuestro estudio, comunicar los resultados a los tres meses no se asoció a un peor bienestar emocional. Al contrario, permitió orientar antes el seguimiento clínico sin incrementar la ansiedad, la depresión ni el estrés», añade Leidy Dayana, investigadora del BBRC y del Hospital del Mar y coautora del estudio.

Hacia la incorporación de los biomarcadores en las clínicas de memoria

En conjunto, los resultados respaldan la integración de los biomarcadores sanguíneos en el flujo de trabajo de los servicios de neurología y la comunicación de los resultados tan pronto como estén disponibles.

En este sentido, el Dr. Albert Puig Pijoan, coautor del estudio, coordinador de la Unidad de Cognición y Conducta del Servicio de Neurología e investigador del Instituto de Investigación del Hospital del Mar, señala que «disponer de estos biomarcadores puede contribuir a aumentar antes la certeza diagnóstica, orientar las decisiones clínicas y evitar seguimientos o pruebas que pueden no ser necesarios. Estos resultados muestran que su valor no depende únicamente de su capacidad para ayudar al diagnóstico, sino también de cómo y cuándo los incorporamos a la práctica clínica».

Los autores señalan, sin embargo, algunas limitaciones del estudio. Se trata de un estudio realizado en un único centro, lo que puede limitar la generalización de los resultados a otros entornos asistenciales, y con un seguimiento limitado a nueve meses. Además, no todos los participantes se sometieron a pruebas de referencia, como el análisis del líquido cefalorraquídeo o la PET de amiloide, ya que el objetivo principal del estudio no era evaluar la precisión diagnóstica de los biomarcadores en sangre, sino analizar el impacto clínico de disponer de estas pruebas y comunicar sus resultados.

Los resultados aportan así información sobre un aspecto clave para su implementación clínica: no solo la capacidad de los biomarcadores para ayudar al diagnóstico, sino también el impacto de disponer de esta herramienta diagnóstica en el ámbito clínico y comunicar sus resultados a los pacientes en el momento adecuado.

Artículo de referencia:  Estragués-Gázquez, I., Contador, J., Martínez, L. D., Fernández-Lebrero, A., García-Escobar, G., Navalpotro-Gómez, I., Grau-Rivera, O., Iaccarino, G., Manero-Borràs, R. M., Ortiz-Romero, P., Hernández-Villamizar, F., Torres-Torronteras, J., de Diego-Osaba, M., Blasco-Forniés, H., Jiménez-Moyano, E., Hernández, J. J., Padrós, A., del Campo, M., Puig-Pijoan, A., & Suárez-Calvet, M. (2026). Earlier disclosure of blood-based biomarkers, diagnostic certainty, and clinical management: A randomized clinical trial. JAMA Neurology.  https://doi.org/10.1001/jamaneurol.2026.3497